Ana Elisa Osorio / Opinión

En días pasados fuimos testigos del evento histórico más importante de los últimos 180 años, cuando las jefas y jefes de Estado y de Gobierno de los 33 países que de la América Latina y el Caribe asumieron la responsabilidad de fundar la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), atendiendo a la visión de nuestros libertadores que soñaron con una América Latina unida, como un solo bloque, como una gran nación.
Atrás quedan las décadas aciagas de los 80 y 90 donde fungimos como el patio trasero del Norte y la fuente de materias primas para los países industrializados y además conejillos de indias para la aplicación de los “modelos del FMI” que solo nos trajeron miseria, desigualdad, desempleo.
Hoy nuestros pueblos están conscientes de las extraordinarias riquezas que posee Nuestra América, enormes cantidades de bienes naturales: agua dulce, petróleo, gas natural, minerales preciosos y estratégicos, biodiversidad que nos pudiera convertir en una potencia en farmacopea y alimentaria y como si fuera poco, la diversidad cultural que nos proporcionan los cientos de pueblos ancestrales que nos habitan, desde México hasta la Patagonia, con su maravillosas cosmovisiones, culturas, idiomas y medicinas propias.
Es hora de decirle adiós al Eurocentrismo. Mientras en nuestro continente del Sur surgen líderes, gobiernos y movimientos sociales progresistas que reafirman nuestras soberanías que defienden la autodeterminación de nuestros pueblos y que desarrollan políticas económicas y sociales de cara al Pueblo que reducen la pobreza, garantizan el acceso a la salud, alimentación, educación y seguridad social, comprometiéndose con la justicia social, allá en Europa se hunden en una crisis donde pretenden salir de ella aplicándose las recetas que ya en Nuestra América rechazamos (salvo algunas excepciones).
Pobres de ellos no quieren aprender, creen que recortando en el gasto social, en seguridad social se salvaran y el estado de Bienestar del que se vanagloriaban se viene a pique. Volvamos nuestras caras hacia nosotros mismos somos la esperanza, somos el futuro.